GASTRONOMÍA

La trufa en la cocina

Probablemente, la trufa es una de las cosas que comemos con más misterio. Se desarrolla debajo del suelo, es de color negro, redonda con y muy perfumada, y solo se puede acceder a ella a través del olfato de un perro o cerdo.

Es en el otoño cuando saboreamos su inicio de maduración siempre y cuando el suelo y las lluvias las haya favorecido. Estas yemas preciosas sin pulir son el tesoro del invierno, que, integradas en la cocina sin enmascarar, reinaran en el plato con su sabor y perfume tan peculiar. Es la reina de los sabores especiales, diferenciados, y valorada como el diamante negro de la cocina y emblemático comodín de cocineros y cocineras que sensibles al aroma, dejan perfumar sus platos con su fantástica presencia y los viste con su carnosidad. Tiene la habilidad de transportar a todos los sibaritas con su imaginación a un festival mágico en el que participan los cinco sentidos. La debemos incorporar con inmediatez en todos los paladares aprovechando la magistral plataforma gastronómica, la colaboración de las cocinas que han sabido apreciar e integrar este producto diferenciado en el juego de los sabores únicos y complementarios. Son los mejores embajadores del gusto utilizando el producto, que ofrece el mejor de la cocina de invierno. Con las trufas, cada plato es arte.

Actualmente es uno de los productos más bien valorados de la gastronomía europea, y en nuestro territorio es un producto destacado con sello de calidad.

Valores nutritivos y propiedades

La trufa, como el resto de hongos, es un alimento poco energético pero rico en proteínas. Es una fuente de diferentes vitaminas del grupo B, y destaca por su contenido en cobre, potasio y magnesio. Su composición viene representada por un 75 – 90% en agua. En toda su historia siempre se le ha atribuido una vertiente afrodisíaca.

Conservación y consejos útiles

La trufa fresca dura días en la nevera dentro de un recipiente hermético (según el grado de maduración) envuelta con un trozo de papel que ayuda a retirar el exceso de humedad. Se recomienda cambiar el papel cada dos días y abrir el envase unos minutos para oxigenar la trufa evitando su pudrición. Lo más favorable es secar el recipiente i cambiar el papel si esta mojado.

Se recomienda separar la trufa del resto de productos para evitar que absorba su aroma. Si queremos aromatizar alimentos, los pondremos junto con las trufas.